Joyas de diamantes. Joyas de perlas

Recordaba Sandra Barneda en su último libro Hablarán de nosotras (Aguilar, 2016) una historia sobre Marilyn Monroe, que forma parte de la historia del cine. Hablamos de su actuación en Los caballeros las prefieren rubias (1953) y su famosa actuación de la canción Diamonds are the girl’s best friend.

Y es que los diamantes han sido objetos de deseo al alcance de muy pocos y admirados por muchos, bajo el aspecto de Alta Joyería, desde que comenzaran a ser extraídos en la India hace más de 2.800 años.

Con todo, parecen tener un fuerte competidor: las perlas. Modistas, como Coco Chanel, le aportaron esa dimensión de elegancia y lujo, llegando a declarar que eran perfectas para cualquier ocasión.

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Fuente: Chanel.

Pero, ¿hasta qué punto esta afirmación es cierta?, ¿cómo y cuándo debemos llevar unos y otras?

Cada mujer es libre de elegir por ella misma entre las perlas o los diamantes, o los dos, según su estilo y su humor”, comenta el equipo de Alta Joyería de la Maison Chanel. “[La casa parisina] no propone ningún código preestablecido”, continúan.

Aún así, sí que existen algunos puntos a tener en cuenta. Por ejemplo, la altura de la persona interesada en llevarlas. Si somos de estatura baja, se recomienda no decantarse por piezas barrocas o pendientes estilo lámpara, porque parecerá que no eres tú quien los porta, sino ellos a ti.

También tenemos que tener en cuenta el efecto que queremos conseguir. Como bien apuntan desde Chanel, “[Coco] está íntimamente ligada a la perla. Numerosas fotos de época la muestran luciendo collares de perlas. Ella recomendaba llevar perlas cerca de la cara para iluminar la tez”.

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Fuente: Pure Pearls.

Así pues, si eres pálida, las tonalidades rosáceas van muy bien. Si por el contrario tiendes a una piel oliva, los matices azules y grises de algunas perlas son una apuesta segura.

Y mientras estas esferas nacaradas nos aportan brillo, los diamantes reflejan la luz de los distintos focos que nos rodean. Efectos diferentes. Objetivos igualmente distintos. O bien irradiar luz mediante tu epidermis, o bien rodearte de una especie de halo, procedente de los diamantes que titilan en diminutos destellos.

No podemos tampoco olvidar que existen algunas falacias sobre la edad con la que deberíamos llevar una u otra joya. Más que una falacia, podemos hablar de un tópico cultural. Muchos son los que dicen que las perlas están hechas para los quincuagenarios.

Además, una gargantilla de brillantes tiene connotaciones que van más allá de unos años. Al fin y al cabo, no todos podemos afrontar precios que suelen superar las cuatro cifras. “[Sin embargo], no pensamos que la libertad, el allure y la elegancia se limitan a una edad”, sentencian desde la Maison Chanel.

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